Archivo mensual: marzo 2013

La humildad de Jesús: “Cristo caído recoge sus vestiduras” de José de Mora

Rubén Sánchez Guzmán
Antonio Fernández Paradas
Ldos. en Historia del Arte

Existe una variada iconografía de Cristo en los pasajes más significativos de su Pasión, la que recordamos muy vivamente durante la Cuaresma y especialmente en Semana Santa. Pero existen algunas imágenes muy poco difundidas y que nos ayudan a recordar otros momentos vividos por el Señor antes de su muerte, y que quizá por la novedad de no haberlas conocido hasta ahora nos refresquen la mirada contemplativa hacia los hechos que recordamos estos días. Es el caso de la obra que nos ocupa en este artículo, Cristo caído recoge sus vestiduras, una preciosa escultura, aunque desgraciadamente perdida, del artista granadino José de Mora (1642-1724).

Fig. 1

Fig. 1

El 11 del marzo de 1936 ardía la iglesia granadina del Salvador, privándonos de una de las más sugestivas interpretaciones de la pasión de Cristo, el Cristo Recogiendo sus Vestiduras o del Mayor Dolor (Fig.1), salido de las gubias de este genial imaginero hacia 1695. Desconocemos cuales fueron las circunstancias que rodearon la llegada de la imagen al convento granadino de San Pedro de Alcántara, lugar para el que ya había trabajado Mora con cuatro imágenes de santos de la orden seráfica: San Antonio, San Juan Capistrano, San Pascual Baylón y San Pedro de Alcántara. Quizá fuera una donación personal del artista a los padres alcantarinos, a los cuales le unía una vinculación especial, pues a la postre mandó enterrarse en él, o simplemente un encargo personal de los mismos. La imagen, de un acendrado realismo, mostraba a un Cristo que después del suplicio de la flagelación y flaqueándole las fuerzas cae al suelo, mientras que se arrastra buscando su túnica inconsútil.

¿Cuál es el origen de esta singular iconografía? Si bien existieron a comienzos del siglo XVII precedentes hispanos, el origen del modelo que seguirá José de Mora de Cristo que se arrastra por el suelo recogiendo sus vestiduras hay que buscarlo en Flandes. Es aquí donde el padre Diego Álvarez de Paz publicó unas meditaciones, donde quedó recogido este pasaje:

“Azotado crudelísimamente, oh dulcísimo Jesús, fuiste soltado de la columna y caíste en tierra a causa de la debilidad. Pues habías quedado tan machacado y exhausto de la multitud de azotes y del derramamiento de sangre que no podías tenerte en pie. Te contemplan en este paso las almas piadosas arrastrándote por el pavimento, barriendo con el cuerpo tu propia sangre y a punto de recoger las vestiduras esparcidas acá y alla.” (Opera Omnia. Lyon, 1623).

No obstante por lo recomendable del mismo pasaje dentro de la práctica jesuita de la “composición de lugar” ideada por San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, ya había aparecido con anterioridad (1605) de mano del también jesuita Luis de la Puente en sus “Meditaciones de los misterios de nuestra santa fe”, convirtiéndose tanto Diego Álvarez, como Luis de la Puente, en un eslabón más en la exégesis de una narración que hundía sus raíces en la literatura franciscana tardo medieval, y que llegaría hasta los escritos de la Concepcionista sor Maria Jesús de Ágreda.

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