Verdad, Belleza y Navidad

El mundo en el que vivimos, corre el riesgo de cambiar su rostro a causa de la acción no siempre sabia del hombre, quien en lugar de cultivar su belleza, explota sin conciencia los recursos del planeta a favor de unos pocos y con frecuencia desfigura las maravillas naturales. ¿Qué es lo que puede volver a dar entusiasmo y confianza, qué puede animar al alma humana a encontrar el camino, a levantar la mirada hacia el horizonte, a soñar una vida digna de su vocación? ¿No es acaso la belleza?” Esta es una de las reflexiones lanzadas por el papa Benedicto XVI durante su encuentro con los artistas en el Vaticano el pasado 21 de Noviembre, y que en estas fechas bien podemos aplicar a  la Navidad que estamos a punto de celebrar.

Belen de San Miguel -J. L. Mayo

Belén de San Miguel -J. L. Mayo

 

Ciertamente la realidad actual, si por algo se caracteriza es por la paulatina desaparición de la auténtica belleza, como nos dice el Santo Padre. Primero porque parece que hay que acabar con  los valores hasta ahora tomados como buenos, tanto morales, sociales, como estéticos. En segundo lugar, así sucede con tantas cosas, la belleza se vanaliza, y se admira y busca la más superficial, olvidando que no es sólo la que está en una cara bonita, o en una imagen agradable a la vista, sino que también se encuentra en un gesto amable, en una conversación profunda, o en una sonrisa auténtica.

 ¿Dónde aprendemos a buscar esta belleza? Ahora es fácil encontrar la respuesta, no tenemos más que admirar los preciosos belenes que en iglesias y hogares se colocan por estas fechas. La delicadeza de la Virgen, la mirada del Niño, el silencio de San José, son transparencia de esa belleza que más que nunca se acerca a nosotros en Navidad.

 El Papa recuerda que el arte es una vía extraordinaria para acercarnos a Dios, de hecho su función primigenia en las iglesias no era la decorativa, sino la catequética. Gracias a aquellas imágenes, el pueblo que no tenía acceso a la lectura podía conocer el contenido de la Biblia y la vida de los santos.

 A lo largo de los siglos, desde aquel primer Belén de San Francisco de 1223 en la villa italiana de Greccio, se han ido añadiendo diversos elementos al misterio, que lo han ido completando y embelleciendo. En el arte español, sobre todo en el barroco, y en el arte italiano, destacando los belenes napolitanos de gran prestigio artístico, encontramos muestras de ello. En España son múltiples las asociaciones de belenistas, que elaboran y montan esta escena maravillosa de la venida del Salvador. Pero también, con el paso de los siglos, se ha perdido el aprecio en estas representaciones hacia esa verdadera belleza de la que hablábamos. Sirva como ilustración un ejemplo. Uno de estos domingos de diciembre, tuve la oportunidad de visitar la hermosa catedral de Valencia, en la que se había colocado un elaborado e historiado Belén. Al final del montaje, unos pasos en dirección al altar, se encontraba la capilla del Santísimo. La cola para entrar a visitar el Belén contaría con 70 u 80 personas, en tanto que ante el Sagrario había solamente cuatro o cinco.

 Los belenes son una manifestación estética muy apreciable, pero al contemplarlos debemos tener en cuenta todo aquello que enriquece verdaderamente lo que a simple vista se aprecia: que es Dios el que hace posible que cada año podamos admirar de nuevo la representación de esta maravillosa escena, y que cada pastor que acude a visitar al Niño tiene vida en realidad, pues somos cada uno de nosotros.  Hemos de contemplar la belleza de los belenes que esta Navidad tengamos la ocasión de ver haciendo nuestro aquel primer deseo de San Francisco, quien quiso sentir esa noche el calor original de Belén, con la humildad, la sencillez, y la pobreza de un pesebre, y dos animales entre los que tuvo lugar el famoso milagro de la aparición del Niño.

 Para que esta manifestación artística adquiera su valor, es necesaria la disposición del corazón del espectador, atento a reconocer en la Encarnación de Dios que ahí se representa, la máxima expresión visible de la belleza, y que la alegría de la  Salvación que con ella llega, hace que también esté en ese gesto amable, esa conversación profunda y en esa sonrisa auténtica.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Arte sacro, Miradas desde la fe, Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s